Sugarless Coffee, Please | Café sin Azúcar, Por favor

Being an adult is not as one expects. When we realize it we are caught by surprise, time flies by too fast.

Ser un adulto no es como uno se espera. Cuando nos damos cuenta, nos coge por sorpresa, el tiempo vuela.


“Café Latte for…Amanda!” the barista shouted & exposed his pebble-like-teeth while handing the coffee cup to her.

“Thanks!” Amanda took the coffee with a slight smile wishing it to be sugar-free.

She threw herself and slouched over the table nearest to the window. She was tired indeed, the coffee-moment was the best moment of her day. She stirred her coffee, positioned the napkin, carefully folded as a triangle, at the right side of her cup, and only then she took a sip.

Disgusted, she gulped down the coffee with a twisted face. She didn’t like her coffee with sugar, now her coffee-moment was ruined. She had repeated her order three times to the barista, she had insisted on the no-sugar part.

She looked out of the window, the crowd of people passing by, oblivious about her existence, about her demanding coffee taste.

“Fucking clones!” she signed, stirred her coffee, and took another sip.

She had turned thirty-five this year, had her life changed since she was a walking hormone adolescent? She remembered how the “grown-ups” impressed her back then, believing she would once be that I-know-everything-nirvana-achieved person. Thirty-five and still with those Sunday-hangover, Tuesday-hangover, well, anyday-hangover, each one of them a harvested bitter fruit of her desire to get that friend she never had, to feel accepted.

A man stopped in front of her window, looked at his watch, and glanced at her. She stared back at him and caught her own reflection on the window. Those few moments made her realize with a sting in her heart that she was one of them, these grown-ups, empty, hopeless, selfish, give-me-all-your-attention, I-know-more-than-anyone-else, mine-is-better-than-yours, search-for-my-happiness, I-am-so-busy, driven-by-lust, long-list-of-dreams, money, greed. She glared down at her coffee, this grown-up barista had made a mistake in her order, he was probably thinking about finishing this shift, get home, watch TV, dine, sleep and start another shift.

“Another clone, that’s what I am.” She thought about the long-forgotten praised talent she had. Everybody thought she would become a professional dancer, her mother pictured her dancing worldwide, London, New York, Edinburgh. She didn’t even have the guts to finish college, she pushed away, placed her dream at the backside of her head, and closed the door.

She wondered if she was the one expecting too much, a sugarless coffee was the highest expectation she had every day, in each café spot she visited. The same desires, the same thoughts she had, all of these grown-ups had them, too. She wasn’t any different from them. Life wasn’t what she had expected, it had twisted turns she never anticipated but leading all of them to the same place. Life flew by too fast, a vertiginous speedy train she tried to catch riding on her two-feet driven disaster rusted second-hand bicycle. She looked out at the people passing by, unaware of her, themselves, time, others walking beside them….

“Excuse me, ma’am. I think we made a mistake with your coffee,” he smiled interrupting her thoughts and a spark of hope made her smile back at him.


“Café Latte para … ¡Amanda!” el barista gritó y expuso sus dientes como guijarros mientras le entregaba la taza de café.

“¡Gracias!” Amanda cogió el café con una leve sonrisa mientras deseaba que fuera sin azúcar.

Se arrojó y se encorvó sobre la mesa más cercana a la ventana. Estaba realmente cansada, el momento del café era el mejor momento de su día. Revolvió el café, colocó la servilleta, cuidadosamente doblada en forma de triángulo, en el lado derecho de su taza, y sólo entonces tomó un sorbo.

Disgustada, se tragó el café con la cara retorcida. No le gustaba su café con azúcar, ahora su momento de café se había arruinado. Había repetido su pedido tres veces al barista, había insistido en la parte sin azúcar.

Miró por la ventana, la multitud de gente que estaba pasando, ajena a su existencia, a su exigente sabor a café.

“¡Malditos clones!” hizo una seña, removió su café y tomó otro sorbo.

Este año había cumplido treinta y cinco, ¿había cambiado su vida desde que era una adolescente cargada de hormonas? Recordó la impresión que tenía de las personas “adultas” aquel entonces, creyendo que alguna vez sería esa yo-lo-sé-todo, nirvana-alcanzada-adulta. Treinta y cinco y todavía con esas resaca de domingo, resaca de martes, bueno, resaca de cualquier día, cada una de ellas un fruto amargo cosechado de su deseo de conseguir ese amigo que nunca tuvo, por sentirse aceptada.

Un hombre se detuvo frente a su ventana, miró su reloj y la miró. Ella le devolvió la mirada y vio su propio reflejo en la ventana. Esos pocos momentos la hicieron darse cuenta con una punzada en el corazón de que ella era uno de ellos, estos adultos, vacíos, desesperados, egoístas, dame-toda-tu-atención, yo-sé-más-que-nadie, lo-mío-es-mejor-que-lo-tuyo, en-busca-de-mi-felicidad, estoy-muy-ocupado, impulsado-por-la-lujuria, una larga-lista-de-sueños, el dinero, la codicia. Miró su café, ese barista adulto había cometido un error en su pedido, probablemente estaba pensando en terminar este turno, llegar a casa, ver la televisión, cenar, dormir y empezar otro turno.

“Otro clon, eso es lo que soy”. Pensó en el elogiado talento que había olvidado hace mucho tiempo. Todo el mundo pensaba que se convertiría en una bailarina profesional, su madre la había imaginado bailando en todo el mundo, Londres, Nueva York, Edimburgo. Ni siquiera tuvo las agallas para terminar la universidad, se apartó, colocó su sueño en la parte posterior de su cabeza y cerró la puerta.

Se preguntó si ella era la que esperaba demasiado, un café sin azúcar era la mayor expectativa que tenía todos los días, en cada cafetería que visitaba. Los mismos deseos, los mismos pensamientos que ella tenía, todos estos adultos también los tenían. Ella no era diferente a ellos. La vida no era lo que había esperado, tenía giros retorcidos que nunca había anticipado, pero los llevaba a todos al mismo lugar. La vida pasaba volando demasiado rápido, un tren vertiginoso y veloz que trataba de atrapar en su desastrosa bicicleta de segunda mano oxidada solo usando sus dos pies. Miró a la gente que pasaba, sin darse cuenta de ella, de ellos mismos, del tiempo, de otros que caminaban a su lado….

“Disculpe, señora. Creo que cometimos un error con su café ”, él la sonrió interrumpiendo sus pensamientos y una chispa de esperanza la hizo sonreír también.


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